Marco Teórico
En
ese mundo pequeño que es el hogar se aprende lo fundamental sobre la vida, sin
tableros, ni pupitres, ni uniformes. Casi por ósmosis, sin que nadie se de
cuenta cómo ni a que horas, entre rutinas y sobremesas, entre lo que dice y no
se dice, las cuatro paredes de la casa son la primera imagen del mundo. Los
valores, las actitudes, los modos de ser, de sentir y de pensar, la manera de
mirar, tienen sus raíces en esa primera escuela a la que, por fortuna no han
llegado aún las innovaciones de la tecnología educativa… Es realmente una
fortuna. En la casa no se habla de objetivos, ni de metodologías, ni se evalúan
periódicamente los resultados, ni se rinden informes. La escuela tiene mucho
que envidiarle a ese “sistema pedagógico” donde todo sucede de una manera más
espontanea y más real; sin comportamientos, ni disciplinas separadas, ni horas
asignadas por tal destreza. Por eso hablar de lectura en el hogar es diferente
a hablar de lectura en la escuela.
De
acuerdo con Halliday (1) “fue cierto en la historia del genero
humano y también cierto en la historia del individuo que un niño aprende a
hablar y a entender lo que otros hablan desde sus primeros años de vida”; entonces empieza a
intercambiar significados con la gente que lo rodea, luego viene una época en
la que desea poder hacer con el lenguaje los actos de significación que quiere
realizar, ya no puede ejecutarse solo hablando y escuchando y, a partir de entonces,
la lectura y la escritura cobran sentido para él. Pero si están desvinculados
de lo que el niño quiere significar, de las exigencias funcionales que llega a
presentar el lenguaje. Entonces la lectura y la escritura tendrán para él poco
sentido: seguirán siendo como lo son para todos los niños, ejercicios aislados
y carentes de significado. Cuestionar nuestras razones para inhibir al alumno
sistemáticamente e imponerle nuestro modelo adulto sin que haya logrado captar las
reglas del juego que rige el sistema lecto-escritor, es impedir el acceso de forma inteligente, constructiva y lúdica
al sistema alfabético una cosa es imponer sin explicación, sin mas, y otra bien
diferente permitirle descubrir las leyes que rigen el sistema alfabético. Por
lo anterior la escuela debe crear situaciones donde la lengua escrita se asuma
como medios para realizar todas las funciones del lenguaje. Desde esta
perspectiva, el maestro se concibe como portador de saberes y experiencias,
conocedor del niño y capaz de escuchar y negociar a partir del dialogo; el
docente debe conocer cada vez mas sobre el desarrollo infantil y la naturaleza
de este objeto de conocimiento, la lengua escrita y la lectura. Con el fin de comprender los diferentes
momentos evolutivos que presentan los niños y mediante esta capacidad detectar
los posibles bloqueos al pensamiento
para poderlos reducir y forjar la creatividad en quienes los poseen.
Según estudios realizados por Ferreiro y sus colaboradores
(2) “la escuela debe propiciar el avance de los niños en el plano
conceptual, ayudar a que los niños continúen buscando significado en lo que
leen; que puedan tener mayor conciencia sicolingüística y que puedan expresar
por escrito aquello que quieren decir y que puedan esperar obtener conocimientos
a través de lo que leen. También es en la escuela donde se articulan los
saberes científicos y sociales”. Es decir, que el aula de clases es uno de los
lugares donde define el modo de relación que tiene el sujeto con la cultura y
los saberes sociales. El aula de clase es uno de los lugares en donde la
reflexión, la crítica y las propuestas didácticas pueden darse, puesto que en el
interior se orienta el proceso de apropiación cultural a través del trabajo
mismo. Para que se de un aprendizaje significativo, el medio ambiente que rodea
al educando puede y debe prepararse, diseñarse como entorno de aprendizaje para
influenciar su estructura cognitiva y valorativa en la formación. Un ambiente acogedor puede ejercer influencia
positiva sobre la formación del niño ya que tiene posibilidades de aprendizaje
espontaneas que trascienden el
conocimiento y la conducta del alumno; la terea del maestro es identificar y proponer niveles y esquemas
superiores de procesamiento de los datos que el alumno será capaz de enfrentar
antes de caer en la monotonía, en la repetición y en el desinterés. El avance y
la dedicación lo genera el buen maestro con los retos y desafíos que propone.
Hace
más de dos mil años que Aristóteles (3) “planteaba que el hombre es
el ser de la palabra, puesto que el hombre creó la palabra y la palabra creo al
hombre”. Este enfoque del origen de la palabra debe perdurar en la visión
educativa sobre la enseñanza de la lengua y especialmente en el proceso
didáctico de formación de los primeros lectores y escritores. Se trata de poder
construir un aprendizaje complejo que trascienda la complejidad del intelecto
pero que se concrete didácticamente en la habilidad para enseñar a leer; si el
propósito del texto es conmover, el del lector es dejarse afectar para
transformarse y transformar. La afición de la lectura debe llegar a polarizar las
fuentes de la producción y el consumo de la historia, la ficción, la aventura,
la ciencia, la tecnología y la nueva cultura reflejada en los libros. Siendo
fuente de consumo, la lectura debe sentirse como la mejor diversión para
disfrutar el gusto, desarrollar la pasión y encontrar el éxtasis de la larga
vida durante la construcción de significados; pero este discernimiento cada vez
estará sostenido en los conocimientos previos y la experiencia con los que se
abre el juego fascinante de la vivencia significativa hasta llegar a seducir a
otros que proseguirán la peregrinación en la búsqueda de sus raíces. En tal
sentido es viable sostener una visión del juego como parte viva del
aprendizaje; puesto que el juego no es una actividad superflua sino que
constituye una necesidad humana en el que el niño como el joven, el adulto y el
viejo estimula el interés, desarrolla el sentido de la observación, la
cooperación y la convivencia; por esta razón, el juego representa un actividad
social que surge de reglas libres pero constituidas por todos los que regulan
la posibilidad de jugar. En esta perspectiva el juego es la clave para la
formación del hombre en relación con los demás, con la naturaleza y consigo
mismo en la medida en que le propician un equilibrio estético y moral entre su
interioridad y el medio en el que interactúa. Como el juego prefigura la vida,
de cierta forma la vida es un juego y es en el juego de la vida donde el hombre
se prueba así mismo, el ejercicio de la función lúdica se transforma en un
factor muy importante para que el alumno aprenda a producir, a respetar y a
aplicar las reglas de juego, como prefigurando la vida desde la creatividad y
el sentido de la curiosidad y exploración propio de los niños. Lo que nos
enseña precisamente la pedagogía es que los jóvenes aprenden y se forman mejor
cuando producen lúdicamente, con sentimiento, creatividad y alegría. En la
básica primaria el juego propicia el desarrollo de competencias sociales y auto
reguladoras por las múltiples situaciones de interacción con otros niños y con
los adultos. A través del juego los niños exploran y ejercitan sus competencias
físicas, cognitivas y sociales e idean y reconstruyen situaciones de la vida
social y familiar, en los cuales actúa e intercambia papeles. Ejerce también su capacidad imaginativa al
dar a los objetos más comunes una realidad simbólica distinta y ensaya
libremente sus posibilidades de expresión oral, gráfica y estética.
El
juego es uno de los tópicos que interesa actualmente a los educadores; lo
interesante es saber como puede ser aplicado en el aula; por eso el interés de
este trabajo reviste la intención de presentar algunos principios sobre la
relación del juego con lo estético, el juego con el arte y la literatura, el
juego con el desarrollo del pensamiento
lateral, el juego como medio de enseñanza y aprendizaje, el juego como apertura
a las posibilidades del ser y del hacer del hombre. Apoyados en los postulados
de que el juego es inherente al niño, es de gran importancia crear y
desarrollar estrategias lúdicas en el aula de clase que le permitan al
estudiante una interacción espontanea, una comunicación libre que lo lleven a
descubrir su gran potencial creativo e imaginativo y a su vez un optimo
desarrollo en su medio social.
En
palabras de J. Huizinga (4) se afirma:
“el
juego infantil posee de por si la forma mas lúdica en su aspecto mas puro, pero
en el se expresa una idea de la vida”. Lo que para el niño es una expresión
espontanea para el docente puede ser el
medio mas apropiado para acercarse al niño y conocer sus intereses, emociones e
ideales; para así mismo ir orientando su proceso de aprendizaje sin que se
sienta coartado ni presionado a interactuar en un mundo desconocido y ajeno a
el. De esta manera la actividad lúdica aplicada en el aula de clase crea confianza,
apego y motivación que redundan en un verdadero aprendizaje significativo que
el niño va incorporando a lo largo de toda su vida escolar mediante las
experiencias y vivencias en su medio.
Cuando
analizamos las aptitudes que están presentes en el acto lector, nos damos
cuenta que es una de las actividades más complejas y completas que podemos
ofrecer a los niños.la lectura, es una herramienta que abre las puertas del
conocimiento, es un instrumento indispensable. Para tener acceso a las diversas
ramas del saber y un camino de promoción social. De ahí la importancia que
tiene un adecuado proceso de aprendizaje lector desde edades tempranas. El educador infantil tiene
la responsabilidad, ya sea cuando se empieza el aprendizaje reglado como el
aprendizaje previo, de abrir esa puerta a los niños, de hacerle el primer paso
para adquirir el hábito lector que como todo hábito es una necesidad, la
necesidad de leer todos los días, ese es el objetivo principal que tenemos que
plantear en nuestra mente cuando estemos en el aula. Desde el momento en que el
niño empieza a leer hasta el tiempo en que va dominando la lectura y encuentra
en ella un placer y una necesidad hay un
largo proceso que la escuela debe alimentar y guiar; los padres, madres y
maestros debemos acompañar este proceso creando condiciones en las que el niño
y el objeto de conocimiento se involucren en una situación de aprendizaje, que
de cabida al análisis, la reflexión y la construcción conjunta de alternativas
que permitan comprender el proceso.
Como
dice Doman “el descubrimiento del lenguaje escrito debe ser una aventura feliz
para el niño pequeño”, el niño que percibe el aprendizaje de la lectura como un
proceso largo, difícil, penoso lleno de dificultades y de una sucesiva
aplicación de métodos no sentirá placer ni se acercara de forma espontanea a la
lectura y escritura. Porque el gusto por la lectura no se desarrolla bajo
presión ni como obligación, con libros y textos aburridos, cuya única utilidad
es enseñar a leer “mama amasa la masa en la mesa”. De ahí la necesidad de la
ejercitación continua de la lectura, cuanto mas se lee, mejor se lee. Por lo
tanto tenemos una enorme responsabilidad cuando nos dedicados a estas primeras
edades, a estos niños que en principio no tienen la puerta abierta al
conocimiento y nosotros vamos a intentar abrir esa puerta a la gran aventura
del descubrimiento del lenguaje escrito pero debemos tener siempre presente que
lo importante es la comprensión de un nuevo lenguaje y no la adquisición de un
mecanismo. El alumno no aprende si se forma pasivamente, obedeciendo a la
autoridad del maestro ni copiando lo que el maestro le dicta o le prescribe. El
desarrollo de su inteligencia y de su autonomía abarca también su participación
activa a través de experiencias de cogobierno y cogestión. El maestro
sabelotodo se derrumba y ahora tiene que generar estrategias que permitan
aptitudes de aprendiz flexible, cooperador y previsivo de nuevas posibilidades
y retos de aprendizaje. El maestro debe proporcionar a los alumnos abundantes
materiales de lectura, amenos e interesantes, adaptados a sus necesidades y
gustos y de una gran variedad: cuentos, poemas, libros informativos,
diccionarios, enciclopedias, libros de consulta, periódicos, revistas,
cancioneros, textos escritos por los propios niños, libros de adivinanzas,
refranes … cada escuela, a poder ser, cada aula debe tener un tiempo y un lugar
especial acondicionado que invite a leer, de modo que los alumnos conciban la
lectura no como un fastidio o un castigo, si no como un premio.
Partiendo
de los planteamientos de Emilia Ferreiro
y Ana Teborsky (5) “leer es descifrar, sino construir sentido a
partir de signos gráficos y de los esquemas del pensamiento del lector”.
“escribir
no es copiar, sino producir sentido por medio de los signos gráficos y de los
esquemas de pensamiento de quien escribe”.
“la
escritura y la lectura no se restringen al espacio escolar”.
Los
maestros debemos abordar desde distintos frentes estrategias para que los niños
se decidan a leer, desde la lectura, desde la oralidad, las matemáticas y la
plástica y desde todas las formas de expresión. Es fundamental construir
significados construidos en un contexto estable y estructurado, en el centro,
durante la etapa de educación infantil, ya que constituye la base para el
posterior desarrollo óptimo del lenguaje oral y escrito en el niño.
El
centro escolar debe crear un ambiente propicio para la lectura y la escritura,
donde el niño tenga la oportunidad de estar en contacto permanente con todo
tipo de material escrito que tenga sentido para él, que sea funcional, donde se
valore de manera constante la lengua escrita, como un medio que permite
comunicarse con las personas que están lejos como una manera de evitar que se
olviden las cosas y como una fuente de información; es decir, que se revalorice
la función social de la lectura y la escritura. Sin duda este es el objetivo de nuestro trabajo,
permitir elaborar de forma autónoma y creativa el diseño de actividades que le
ayuden a confeccionar un programa progresivo de la lengua escrita donde el
centro sea el niño.
El
hábito de la lectura no es algo innato. El hombre no llega al mundo apreciando
los libros; esta es una capacidad que se desarrolla con la práctica y como
consecuencia de un modo de conducta que se le propone. Pero no basta con
motivar en el niño una actitud favorable hacia la lectura, de lo que se trata
es de crear un sólido vínculo que propicie un acercamiento regular y por su propia voluntad a los textos
con medio de satisfacer sus exigencias
intelectuales y de entretenimiento. No
es fácil llegar a ser un buen lector y uno nunca termina de serlo, pues
siempre tiene la capacidad de leer cada vez mejor, de un modo mas autónomo y
personal, que le va a permitir establecer un dialogo mas profundo con el texto
y con su autor. Lector de textos y de contextos, capaz de escuchar e
interpretar la realidad. Pasar de lector pasivo o consumidor de textos a lector
critico de ellos y de las intensiones de
sus autores.
El
educador partiendo del conocimiento del propio proceso y de las características
individuales del niño, debe construir mediante la observación continuada, la
evolución de los estímulos ambientales y la propuesta de actividades creando un
entorno rico, propiciador de vivencias y experiencias, a la vez que se
proporcione un grado de ejercitación suficiente.
“la
formación de lectores implica la
formulación de sujetos autónomos: darle a otro la capacidad para conocer,
participar, decidir que libros leer, decidir si lee o no lee, arraigarse,
distanciarse, sobre llevar la soledad y vincularse con otros…, es darle poder
par determinar su propia vida. Todas las investigaciones lo constatan: detrás
de cada lector hay personas, presencias o ausencias que los libros suplen o recuerdan: cuerpos,
gestos, modulaciones de voz que en algún momento intervinieron decididamente en
la vida de los lectores” Daniel Goldin.
(6)
No
olvidemos nunca que para ser un buen lector es necesaria una buena práctica
continua y constante. Es evidente que solo se logra el dominio de la lectura
ejecutándola continuamente. Al niño hay que sorprenderlo con lecturas
agradables, que cumplan sus expectativas para que va ya creando un habito de
lectura constante, que leer sea una
aventura fascinante que le abre las puertas al conocimiento.
1. Diseño
Básico Metodológico.
4.1 Tipo de Estudio.
Investigación Aplicada: partiendo de los
conocimientos que poseen los estudiantes
del grado quinto, sedes rurales; en cuanto al proceso
lector y detectando en todos ellos apatía y rechazo por la lectura se pretende
realizar un proceso de investigación que determine sus causas y sus consecuencias para así aplicas estrategias lúdicas que motiven y creen un
buen habito lector.
4.2 Método de Investigación.
El estudio se realiza mediante el enfoque
cualitativo y cuantitativo de la investigación puesto que la naturaleza del problema lo requiere. Para
conocer las concepciones sobre el proceso lector es necesario aplicar
estrategias en los informantes sin coaccionarlos en su forma de actuar y
pensar. La investigación usando este enfoque permite, conocer las creencias,
los valores, modos de pensar y actitudes expresadas tanto verbales como no
verbales.
Para este estudio se toman niños del grado
quinto de primaria en las sedes rurales y docentes de las sedes rurales.
4.3 Recolección y
tratamiento de la información.
Para este estudio se aplica
las siguientes técnicas etnográficas de recolección de datos:
·
Entrevistas a estudiantes y docentes de única
respuesta (cerrada).
·
Observación de una clase: Se invita a un
docente para que realice descripciones objetivas de una clase de lectura.
·
Grabaciones: Grabar al estudiante cuando se
le dan espacios para leer libremente para conocer sus textos preferidos y las
actitudes que toma frente a la lectura, afinidad con el medio y su vocación.
·
Diario del estudiante y cuaderno viajero: El
estudiante expresa por escrito las experiencias vividas con el fin de
recrearlas y retroalimentar el proceso lector.
·
El cuaderno viajero involucra a estudiantes,
padres de familia y docentes en un proceso de lectura y escritura divertido,
que les permite conocer historias, costumbres y relatos de veredas vecinas.